martes, 9 de junio de 2015

Una firma chiquitita y personas que nos engrandecen

Desde hace unos meses  mi trabajo consiste en estudiar y valorar expedientes administrativos de una renta de inserción. Digamos que hasta el momento he evitado comentar asuntos relacionados con los casos que veo, prefería realizar otro tipo de reflexiones. No era una decisión especialmente premeditada pero tenía la sensación de que necesitaba mantener los dos ámbitos separados.

Hace unos días me sucedió algo que dió al traste con esa voluntad, tampoco demasiado férrea, todo hay que decirlo. Hace unos días un pequeño detalle se me clavó donde no esperaba y lo he llevado encajado en la mollera para ver por donde derivaba la cosa.

La cosa en sí, que no se como llamarla, podría pasar perfectamente desapercibida, incluso la esencia del asunto tiene que ver con la invisibilidad. Lo que me golpeó inesperadamente y tanto estoy demorando en presentar fue sencillamente el tamaño y la forma de la firma de un ciudadano. Una firma que percibía repetida reiteradamente en varios documentos que debía leer de forma sucesiva debido al orden del bastanteo administrativo. Una firma que debía comprobar para evitar devoluciones del expediente por parte de la Intervención. Hasta cuatro o cinco veces la misma firma. Una firma cuatro o cinco veces más pequeña de lo normal, una firma cuya rúbrica tachaba con saña el propio nombre del firmante.  No se decirlo de otra manera: me impresionó.

No soy ni psicólogo, ni grafólogo, ni nada semejante ni pretendo serlo. Supongo que buena parte de las cuestiones que circulan popularmente sobre el asunto son pura superchería, pero eso no puede limitar que haya visto en esa firma una metáfora de lo que es la vida de tantas y tantas personas.

Viene a coincidir el asunto (sigo con el argumento de alguna entrada anterior) con la reflexión que llevo realizando en torno al mito del Minotauro y el Laberinto. No le canso, estimado lector. Sepa simplemente que entiendo que muchas personas son obligadas por las circunstancias de la historia a vestir una máscara obligada, a desempeñar un rol en el teatro del mundo del que no se pueden desasir por más que insistan. En muchos casos esas personas se sienten pequeñitas, pequeñitas, tan pequeñitas que pueden llegar a a representarse a través de una firma minúscula. Quizá por eso me impresionó tanto esta sencilla anécdota. Aún más, son personas a las que se les reitera de tal forma el mensaje de que son los culpables de lo que les pasa que no debería extrañarme/nos que su rúbrica sea en realidad un tachón sobre sí mismo.

Por eso quiero acabar esta entrada de blog con el recuerdo de las personas que nos engrandecen. Son
las que luchan por la propia dignidad y al hacerlo nos ensanchan las aceras por las que caminamos y sobre todo por las que caminan los de las vidas estrechas. En estos momentos es eso lo que representa para mí y creo que para tantos, la vida de Pedro Zerolo, al que le agradezco su compromiso, su ejemplo y las palabras que le escuché y me sorprendieron.

Le reconozco que antes de escucharle en persona tenía de Pedro una imagen estereotipada. La propia que se recibe si sólo se siguen los medios de comunicación habituales. Pude escucharle y me impresionó la hondura que me transmitió. Por eso este pequeño homenaje es emocional y sentido y no un mero seguir la estela de lo que toca.

Sea. La tarea que tenemos por delante a los que nos quedamos por aquí, a los que todavía somos el tiempo que nos queda (que esa es al fin al cabo la materia de la que estamos hechos), no deja de ser la que se propuso Pedro: conseguir que si alguien tiene la firma chiquitita, chiquitita, sea por propia elección y no como consecuencia de la invisibilidad  y la culpabilización a la que algunos otros le condenan.


2 comentarios:

  1. Mi padre entre otras cosas era perito calígrafo. Me contagió su pasión por las firmas y su estudio para sus dictamenes. No sé si es por eso o por deformación profesional llevo años fijándome en las firmas... incluso tengo fotos de alguna. Desconozco como era la firma de Pedro, lo que sé es que su corazón y sus convicciones eran grandes. Querido Joaquin, la tarea que nos deja: también. Seguiremos luchando por la igualdad y por hacer más habitable este mundo. Gracias por tu post.

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    1. Gracias por tu comentario Carmen. Por el camino seguimos y nos encontramos.

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